“En
1899 ya habíamos aprendido a dominar la oscuridad, pero no el calor
de Texas. Nos levantábamos de noche, horas antes del amanecer,
cuando apenas había una mancha añil en el cielo oriental y el resto
del horitzonte seguía negro como el carbón.”
Entonces
nos íbamos al lugar más fresco de la casa: el sótano. Allí nos
acurrucábamos y seguíamos durmiendo hasta que la temperatura
aumentara y nos hiciera marchar. Una vez estuvieramos despiertos,
desayunábamos poca cosa, porqué el calor nos tenía a todos
desganados, y luego venía nuestra parte favorita del día: nos
dirijíamos todos corriendo hacia el lago, que estaba detrás del
bosque, a pocos pasos de la casa. Allí nos tirábamos directamente
al agua, sin preocuparnos de nuestras ropas (luego se secaban en diez
minutos). Nos solíamos traer comida y bebida suficiente para pasar
el día allí, hasta que estar en la casa volviera a ser soportable.
Almorzábamos y nos volvíamos a tirar al agua. Básicamente
pasábamos los veranos así.
Hasta
que un día, como todos los otros, nos fuimos al lago. Una vez allí,
dejamos la comida y lo que llevábamos bajo un árbol y nos tirámos
al agua. El agua era suficientemente profunda para que nos pudieramos
tirar desde los árboles más altos sin hacernos daño, por eso, que
nuestros pies tocaran alguna clase de objeto desconocido ese día,
nos extrañó. Al principio pensámos que era alguno de nosotros
queriendonos asustar, pero al ver que todos estábamos en la
superfície nos temimos lo peor. Salimos del agua y nos sentamos a la
orilla a ver si ese objeto misterioso flotaba a la superfície para
que lo pudieramos ver. Al cabo de unos quinze minutos, vi que se
podía ver en el agua una parte de una cosa rectangular irregular y
de color carne, como la espalda de alguien. Había un arbol con las
ramas bajas, desde donde siempre nos tirábamos al agua, y el más
valiente de nosotros escaló hasta el punto más cercano a la silueta
misteriosa, y con un palo le dió la vuelta. La imagen de esa chica
muerta, sin ojos, pálida como la nieve y flotando sin vida en el
lago me sigue persiguendo a día de hoy.
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