miércoles, 2 de diciembre de 2015

El comienzo de la imaginación

En 1899 ya habíamos aprendido a dominar la oscuridad, pero no el calor de Texas. Nos levantábamos de noche, horas antes del amanecer, cuando apenas había una mancha añil en el cielo oriental y el resto del horitzonte seguía negro como el carbón.”



Entonces nos íbamos al lugar más fresco de la casa: el sótano. Allí nos acurrucábamos y seguíamos durmiendo hasta que la temperatura aumentara y nos hiciera marchar. Una vez estuvieramos despiertos, desayunábamos poca cosa, porqué el calor nos tenía a todos desganados, y luego venía nuestra parte favorita del día: nos dirijíamos todos corriendo hacia el lago, que estaba detrás del bosque, a pocos pasos de la casa. Allí nos tirábamos directamente al agua, sin preocuparnos de nuestras ropas (luego se secaban en diez minutos). Nos solíamos traer comida y bebida suficiente para pasar el día allí, hasta que estar en la casa volviera a ser soportable. Almorzábamos y nos volvíamos a tirar al agua. Básicamente pasábamos los veranos así.



Hasta que un día, como todos los otros, nos fuimos al lago. Una vez allí, dejamos la comida y lo que llevábamos bajo un árbol y nos tirámos al agua. El agua era suficientemente profunda para que nos pudieramos tirar desde los árboles más altos sin hacernos daño, por eso, que nuestros pies tocaran alguna clase de objeto desconocido ese día, nos extrañó. Al principio pensámos que era alguno de nosotros queriendonos asustar, pero al ver que todos estábamos en la superfície nos temimos lo peor. Salimos del agua y nos sentamos a la orilla a ver si ese objeto misterioso flotaba a la superfície para que lo pudieramos ver. Al cabo de unos quinze minutos, vi que se podía ver en el agua una parte de una cosa rectangular irregular y de color carne, como la espalda de alguien. Había un arbol con las ramas bajas, desde donde siempre nos tirábamos al agua, y el más valiente de nosotros escaló hasta el punto más cercano a la silueta misteriosa, y con un palo le dió la vuelta. La imagen de esa chica muerta, sin ojos, pálida como la nieve y flotando sin vida en el lago me sigue persiguendo a día de hoy.




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